[IMC-Mexico] Ultraderecha en el bajio mexicano
rogelio ruiz
larealidad en yahoo.com
Lun Sep 15 10:27:25 PDT 2003
Tomado del periodico am de Leon, Gto. 15 de Septiembre
de 2003
‘Fui reclutado por El Yunque’
n El abogado leonés Aarón Soto Martínez, secretario
del Colegio de Abogados y ex candidato del PRI a
diputado local, cuenta su breve paso por la
organización secreta El Yunque. “Yo fui reclutado por
el Yunque, me tomaron un juramento en un ritual
secreto y decidí que ese no era mi camino”, dice.
Dieciocho años después de aquel juramento, Aarón Soto
rompe el silencio y demuestra que El Yunque no es una
historieta ni es una ficción: El Yunque existe y tiene
sus cimientos en León.
Por PABLO CÉSAR CARRILLO
Gerardo Miguel García
Aarón Soto Martínez
Aarón Soto era un estudiante de la Prepa Oficial,
católico, bien portado y popular, con un talento
especial para jugar basquetbol. Así que la
organización no tardó en detectarlo como un buen
prospecto de soldado católico que buscara construir el
reino de Dios en la tierra.
“Te invito a un curso de creatividad”, le dijo un buen
día un maestro conocido como Toño, y Aarón asistió al
curso sin saber dónde se metía.
“Al principio era un curso donde hablaban de liderazgo
y hacían dinámicas interesantes, y me pareció que me
serviría”, recuerda.
Ahí conoció a un instructor elocuente y expresivo cuyo
nombre era Pablo de la Cruz, un joven bajito que
hablaba de la vida con un ánimo admirable, y que usaba
historias y frases de filósofos para dar ejemplos de
sacrificio y éxito. Esas dinámicas emotivas lo
engancharon. Al concluir el curso, Pablo de la Cruz le
dio una buena noticia: tres de los muchachos del curso
serían invitados a integrarse a un grupo de líderes
llamado Blanco y Negro, y él era uno de los
afortunados.
“Pablo me dijo que le gustaría que ingresara al grupo
de liderazgo y me explicó que se reunían los viernes y
sábados con la única intención de prepararse. Las
reuniones eran en un departamento localizado en Adolfo
López Mateos, muy cerca del parque Hidalgo”, platica.
Aarón Soto se presentó al grupo y los instructores
comenzaron a hablarle de la necesidad de leer y
estudiar para enfrentar las amenazas de la sociedad.
Era agosto o septiembre de 1984. “Nos dieron un libro
que tenía el título ‘Yo te saludo María’, comenzaron a
darnos adoctrinamiento católico y nos decían con
insistencia que el comunismo era una falacia”, señala.
El joven Aarón se interesó por la reflexión y las
lecturas, y estuvo asistiendo durante semanas, sin
fallar. Le pidieron mejorar sus hábitos: “Levantarse
temprano, no quedarse en la cama más de tres minutos,
ser ordenado, aprovechar el tiempo, bendecir los
alimentos, hacer una oración a las 12 del día y otra
oración antes de dormir”.
En seis meses, su instructor Pablo de la Cruz le
informó que debido a su buen desempeño podía seguir su
preparación en un nivel más avanzado. Dejaba la célula
básica de organización conocida como “centro” y le
tocaba ingresar a una “rama”. Así que su preparación
sería desde entonces en el templo de San Francisco de
Sales.
w Adoctrinamiento
Al templo de San Francisco –ubicado en la calle Alvaro
Obregón- todos iban uniformados con un pantalón negro,
camisa blanca y corbata negra. Ahí se dio cuenta que
el grupo era más grande de lo que creía, y comenzó a
conocer a otros integrantes de la organización.
“Ahí conocí a estudiantes de Medicina, de La Salle y
del Hispano. Y escuché por primera vez los nombres de
Gerardo Mosqueda, Ramón Muñoz, Tomás López, Alfredo
Ling, Elías Villegas”, dice. Aquellos líderes
religiosos aún no eran políticos, pero se preparaban
para serlo.
Su capacitación era en lo intelectual y en lo físico.
“Unos días rezábamos el rosario y teníamos ceremonias
solemnes, y otros días un instructor nos ponía en el
patio a hacer lagartijas, sentadillas y rutinas de
esfuerzo físico”, comenta Aarón. En ese tiempo, le
pidieron asistir a unos cursos de karate en un salón
del fraccionamiento Guadalupe. “Mi instructor me dijo
que el karate era para saber defendernos, y nos
enseñaron a aplicar llaves, dar golpes certeros y a
desarmar al enemigo con facilidad”, dice.
Aarón aún no entendía de qué se trataba. Pero las
lecciones, la disciplina, las lecturas y la
interacción con líderes adultos le hacían creer que
era algo bueno para su preparación. “Veías hacia el
futuro y sentías que estabas preparándote para ser un
mejor profesionista y un mejor ser humano”, platica.
Al cabo de ocho o nueve meses, el prospecto Aarón Soto
fue iniciado en actividades secretas del grupo. Lo
invitaron a un campamento de sobrevivencia en Sierra
de Lobos.
“Hicimos un campamento en la sierra: cada quien hacía
su comida, eran sólo huevos cocidos y papas, tomábamos
agua del río, y hacíamos mucho ejercicio, tipo
militar”, comenta. “En las mañanas nos levantábamos
muy temprano y marchábamos como un pequeño ejército”.
Allá, en la sierra, en medio de miles de robles, lejos
de la ciudad, Aarón Soto escuchó una ponencia
motivacional que no puede olvidar. El instructor Pablo
de la Cruz, rodeado por jóvenes, se subió a una enorme
piedra y dio su testimonio de vida: dijo que él tenía
problemas en la columna y que había logrado superarlos
a base de esfuerzo, explicó que la vida lo había
tratado mal pero seguía luchando.
Aarón recuerda muy bien la escena de Pablo, hablando
sobre la piedra.
“No me voy a rendir por mis problemas de columna. Voy
a seguir luchando. Porque así debe ser el hombre de
lucha. Porque me preparo para resistir. Porque hago
ejercicio para estar fuerte y resistir el dolor.
Porque no puedo vencerme ante el dolor”, asegura Aarón
que decía. “Mi cuerpo debe ser resistente. Mi cuerpo
debe resistir todos los golpes. Yo debo ser como el
yunque al ser golpeado. Como el yunque del herrero que
no se vence. El yunque que resiste todos los golpes.
El yunque que moldea los metales. Todos debemos ser
como el yunque al ser golpeado. Nos preparamos para
ser como el yunque. ¡Somos como el yuuunque!”.
w Adiestramiento
Al cabo de un año, Aarón Soto fue invitado a un
campamento de adiestramiento en el Colegio Agustino,
en Santiago Tianquistenco, Estado de México. Uno de
los primeros mensajes del instructor que los recibió
fue: “Tenemos una misión: implementar el Gobierno del
Señor en la Tierra. Si Gobernación se entera que
estamos aquí, nos matan”.
El entrenamiento inició con un baño a las 6:00 de la
mañana.
“Un silbatazo nos despertó y un instructor gritaba:
¡tienen tres minutos para bañarse! ¡Corran, rápido,
todos formados!”, narra. “Tuvimos que bañarnos y
vestirnos corriendo, y estar listos en el patio en
minutos, en una formación militar, todos uniformados.
Los que no cumplieron fueron castigados: 50 golpes en
el estómago o 30 lagartijas”.
Los reclutas venían de todas partes: de Puebla, de
Guanajuato, de Chihuahua, de México, de Centroamérica
y de Sudamérica. Todos con el mismo perfil: jóvenes de
entre 17 y 24 años, educados y católicos.
Un instructor hizo algunas reflexiones que Aarón no
recuerda con exactitud. “Nos decía algo así como:
somos soldados de Dios, tenemos que luchar contra el
socialismo, vamos a construir el reino de Dios en la
tierra, vamos a prepararnos para tomar el poder”.
La segunda actividad fue el desayuno que inició con la
bendición de los alimentos. “Uno de ellos dijo: ‘Señor
dales pan a los que tienen hambre, y a los que tenemos
pan, danos hambre y sed de justicia’”.
Al mediodía, el adiestramiento fue más pesado.
“Nos hicieron recorrer 500 metros pecho tierra. Nos
pusieron a correr grandes distancias y marchar con un
ritmo muy intenso”, señala. En la tarde tuvieron
pláticas sobre liderazgo, religión y anticomunismo. Y
a las 7:00 de la noche rezaron un rosario de 15
misterios, todos de rodillas. Al concluir el primer
día uno de los líderes les advirtió: “No deben
comentarle a nadie esto. Ni a sus padres, ni a sus
hermanos. Nuestra preparación tiene que ser en
secreto. Gobernación tiene infiltrados en todas
partes. Nosotros tenemos una misión con el Señor. Si
nos descubren, nos matan”.
Aarón recuerda que esa noche fue una de las peores de
su vida.
“Estábamos dormidos y como a las 4:00 de la mañana nos
despertó un ruido estruendoso. Eran balazos y sirenas
por todas partes. Se oía cómo se quebraban los vidrios
y caían al suelo”, platica. “Yo me levanté corriendo y
me refugié en una pared. Todos corrían en todas las
direcciones, mientras los balazos se oían en la
calle”.
Hasta que de un instante a otro todo quedó en
silencio.
“No se escuchaba nada y nadie se atrevía a moverse.
Entonces alguien comenzó a gritarnos con un altavoz:
¿Qué les pasa, soldados?, ¡están dormidos!, ¡¿por qué
no pusieron una guardia?, pudieron habernos matado,
¿no están atentos o qué?, no podemos distraernos, no
podemos dormirnos, no podemos descuidarnos, tenemos
que estar siempre alertas, ¡tenemos una misión en la
Tierra!”.
Esa voz les ordenó hacer filas de inmediato,
uniformados en calzoncillos, en la madrugada, con un
frío terrible. En eso apareció un joven quejándose,
con un brazo roto. “Se había arrojado del segundo piso
durante la supuesta balacera, y los jefes lo premiaron
por esa acción heroica y de gran valor”, platica Soto.
Al amanecer, Aarón Soto quiso escaparse.
“Todo aquello rompió con mi estructura mental: yo me
dije ‘no creo que Dios quiera todo esto. No creo que
esta sea la forma de defender a Dios’”, comenta. Pero
finalmente se quedó hasta el final.
El día de la clausura llegaron líderes de todo el
país. Esa mañana, desde la formación, Aarón conoció a
varios personajes que jamás había visto en su vida.
“Uno de ellos era un hombre maduro muy serio, y otro
era un hombre de barba y con escaso pelo. Los dos
parecían ser importantes. Ahora sé que uno de ellos
era Elías Villegas -el mecenas del PAN en Guanajuato-
y el otro era Luis Felipe Bravo Mena, el presidente
nacional del PAN”, dice Aarón, muy seguro. “Me puedo
equivocar, pero no lo creo, esos rostros se me
quedaron muy grabados”.
w Juramento
De regreso a casa, le llegó la hora del juramento.
La organización decide “juramentar” a un aspirante
cuando considera que ya está adoctrinado y
comprometido como para conocer los secretos.
“Un día Pablo me dijo: ‘vamos a ir a una ceremonia muy
especial y tienes que ir con ropa nueva’”, platica.
“Ese día tomamos un taxi para ir a un departamento
localizado en el bulevar Hidalgo, a la altura de la
Florida”, comenta. Reflexiona un instante. “Antes de
entrar, Pablo me dijo: ‘Es una ceremonia muy bonita
donde vamos a hacer nuestro juramento a la encomienda
que nos tiene el Señor’”.
Pablo de la Cruz abrió lentamente la puerta.
“Todo estaba oscuro; era un sala pequeña, había
incienso y dos velas grandes al frente. Al fondo había
una mesa, con un crucifijo y una Biblia. A mi derecha
estaban tres hombres de negro y a la izquierda otros
tres, no estoy seguro si estaban encapuchados, pero no
recuerdo sus caras. Al frente estaban dos hombres,
esperándome”, explica.
Aarón caminó despacio hasta pararse frente a la mesa.
“Todos comenzaron a rezar al unísono, casi gritando, y
me quedé impresionado. Era una ceremonia para
aterrarse. Me pusieron un brazalete con un símbolo
rojo y negro. Todos seguían rezando con intensidad en
la penumbra, hasta que un hombre que estaba adelante
me dijo: estás aquí para jurar fidelidad a la
Organización Nacional del Yunque. Hasta ese momento
entendí en dónde estaba: el grupo se llamaba la
Organización Nacional del Yunque”.
Aarón sujetó el crucifijo con una mano y puso la otra
sobre la Biblia.
“El hombre que no vi me hizo jurar lealtad a la
organización por encima de mi familia, de mi profesión
y de mí mismo. Me bautizaron con el nombre de un
santo, pero no recuerdo cuál es. Yo fui repitiendo lo
que el hombre me decía. No recuerdo exactamente qué
decía, porque yo estaba asombrado, pero fue un
juramento que no asimilé. Desde ese momento me sacudió
y me pareció que no era correcto”, platica.
La ceremonia secreta concluyó y Aarón se retiró sin
verles la cara.
Nunca regresó a la organización y decidió olvidarse de
ellos.
“Me iban a buscar y me decían ‘hiciste un juramento’.
Pero yo me escondí, me negué y no volví a verlos. Yo
decidí que no era mi camino”.
Años después, Aarón entró al PRI y vio a sus antiguos
compañeros entrar al PAN. Y casi veinte años después
tomaron el poder: están en el Gobierno Municipal, en
el Gobierno de Guanajuato y en el Gobierno Federal,
como lo tenían planeado: Gerardo Mosqueda llegó a ser
el coordinador de Delegaciones de la Secretaría del
Trabajo del Gobierno Federal; Tomás López es el
director de los Cecytegs de Guanajuato; Alfredo Ling
llegó a ser diputado y senador del PAN; Luis Felipe
Bravo es el jefe nacional del PAN; y Elías Villegas se
mete en la designación de los gobernantes de
Guanajuato. Basta decir que aquel oscuro departamento
de la calle Hidalgo, donde Aarón Soto hizo su
juramento, era propiedad de Ramón Muñoz, el hombre que
le habla al oído al presidente Vicente Fox.
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Dreadlocks "es una corona que te regala el tiempo por tener paciencia viviendo desde un punto de vista de marginación."
Willy Rodríguez
Cultura Profética
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